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LA LUNA VISITA EL HOGAR

La tarde del domingo 22 de noviembre de 2009 la Luna tenía una cita importante: Había quedado con unos amigos del Hogar Jesús Caminante, en Colmenar Viejo (Madrid). El Hogar Jesús Caminante es, como su nombre indica, un HOGAR. Cada habitante de la casa podría contarnos historias que nos encogería el corazón, pero hay cariño y amor, todo el que Casimiro y Mª Jesús, dentro de su condición de “humanos”, son capaces de dar, y es mucho. Nuestros amigos de Jesús Caminante tenían muchas ganas de conocer mejor a la Luna. La habían visto muchas noches cruzar por el patio y seguramente ya habían tenido más de una conversación con ella, contándole sus inquietudes, sus miedos, sus esperanzas.... como cualquiera que haya mirado hacia el cielo alguna vez y de pronto se haya sorprendido a sí mismo reflexionando sobre lo humano y lo divino, teniendo en la retina la imagen de la Luna. Pero la Luna es muy suya y no se deja conocer en detalle por cualquiera. Por eso, esa tarde de domingo, Pedro Arranz, Emilio Gálvez y yo misma Elena Corral nos armamos de trípodes, telescopios, prismáticos y demás aparatitos para facilitar la comunicación entre la Luna y nuestros amigos.

Esperábamos que los acogidos tuvieran tanto interés y participación como en la charla de Astronomía con imágenes que Pedro y Emilio les ofrecieron diez días antes. Llegamos casi a las 5 de la tarde. Nos esperaba Juan Antonio y ya se advertía la ilusión en sus ojos. Como anunciaba el cartel que se colocó en el cristal de la puerta de entrada, esa tarde en Jesús Caminante iban a ver la Luna ¡¡por un telescopio!!, de modo que enseguida nos dispusimos a buscar el sitio más adecuado. Donde más cielo abierto teníamos para mirar era detrás del patio. Y allí comenzamos a montar todos los artilugios bajo la atenta mirada de algunos amigos del Hogar. En la casa se preparaban bien pertrechados de abrigos y jerseis, que en noviembre ya se nota el frío.... Con emoción nos fuimos abrigando todos: ¡anda!, ese abrigo es pequeño, a ver este otro”; un segundo, que se me ha atascado la mano; espera, no salgas solo que ya voy yo contigo.... Sí, la Luna, vamos a ver la Luna; no, marcianos no vamos a ver, esos sólo en las películas. Sí, Pedro y Emilio ya están allí esperándonos....

Poco a poco fuimos saliendo de la casa, en prudente silencio al principio, algo más intrigados y habladores según tomábamos la curva del patio, y ya con notable emoción al subir la rampa y ver los aparatos y el agradable ambientillo de alrededor. A pie de telescopio se oía: la Luna!!, o el más frecuente -¿la ves? –mmmh.... –a ver, que buscamos una posición mejor, ¿la ves ahora? – mmmmmh....” y de repente un ¡¡sí!! la he visto... Pedro y Emilio respondían pacientemente a sus preguntas y les explicaban lo que veían y les ayudaban a encontrar la mejor postura para conseguir pegar el ojo al ocular.  

Todos los que pudieron pasaron por los telescopios y se maravillaron con la amiga Luna. Unos repetían: iban y la veían, volvían a la casa, regresaban de nuevo a mirar otra vez. Algunos llegaban con dificultad y cuando miraban por el ocular ya no podían apartar el ojo, y se quedaban ahí disfrutando de esa vista tan espectacular.

Y otros, simplemente se quedaron en la zona de telescopios, a pesar del frío, y cuando quedaba uno libre aprovechaban para echar otro vistacito. Wilhem encantado y sonriendo mientras iba al telescopio, contándonos cosas entre polaco y español, y sonriendo más aún después de verla; Pedrito como una mariposilla, revoloteando de aquí para allá, preguntando, riendo; Antonio, encantado de las cosas que había aprendido en la charla anterior, nos señaló entre orgulloso y dubitativo la constelación de Pegaso en el cielo y hasta nos dijo cómo veríamos a Júpiter y sus lunas. Jesús estaba tan impresionado y emocionado que se le fue el brazo al hombro de Nicolás, como diciendo ¿has visto qué bonita? o como queriendo compartir con él ese momento... porque sí, porque estos momentos hay que vivirlos y hay que compartirlos. Y de nuevo las preguntas de vuelta a casa: ¿a cuántos años luz está la luna?, ¿cuánto se tarda en ir?¿está menguante? ¿qué es eso que se ve al lado?...

Pero ¿y los que no podían porque estaban en silla de ruedas o tenían los movimientos muy limitados y no llegaban a ver bien por el ocular? No queríamos que nadie se quedara sin experimentar la emoción de ver la Luna. Así que Emilio colocó en el telescopio una cámara especial parecida a las de de video que sacaba la imagen en la pantalla de un ordenador, para que de esta forma nadie se la perdiera.  

Y así transcurrió la tarde del domingo. Una tarde típicamente de fútbol, donde futbolistas con sueldos multimillonarios juegan en la que llaman la “liga de las estrellas”. Pero esa tarde era especial y cambiamos los “astros del balón” por los verdaderos astros, los del cielo. Habíamos compartido con ellos algo hermoso, disfrutando desde su “Hogar” algunas maravillas del cielo. Esa tarde ellos se sintieron importantes porque había más personas que les escuchaban, que les animaban a contemplar algo que nunca habían visto hasta entonces. Esa tarde, los acogidos nos acogieron a nosotros. Y todo lo vivido esa tarde fue un verdadero festín para los sentidos y para el alma.